El 27 de junio de 1991 comienza la Guerra de los diez días, la guerra por la independencia de Eslovenia, la primera de las Guerras yugoslavas que acabaron desintegrando el país en una serie de sangrientos conflictos étnicos. Para 1989, año en el que cayeron la mayoría de países comunistas del este de Europa, pocos pensaban que la República Federativa Socialista de Yugoslavia iba a acabar envuelta en una cruenta guerra civil que se saldó con cerca de ciento cuarenta mil muertes. Sin embargo, si bien el gobierno socialista del Mariscal Tito había logrado en parte suavizar las tensiones étnicas, era solamente cuestión de tiempo que Yugoslavia se desmembrase.
Yugoslavia
siempre estuvo marcada por las fuertes diferencias étnicas entre las naciones
que la conformaban, sobre todo entre serbios ortodoxos, croatas católicos y
bosniacos musulmanes. Sin embargo, para mediados del Siglo XIX, con los
territorios que en su día fueron Yugoslavia divididos entre Austria y el
imperio otomano, siendo Serbia, que se independizó de los otomanos en 1815, el
único país independiente, la realidad era muy distinta. Serbios y croatas se
veían unidos por un sentimiento paneslavista, afín a Rusia, y con el objetivo
de crear un país que agrupase a todos los eslavos del sur (serbios, croatas,
bosniacos, eslovenos, montenegrinos, macedonios y búlgaros). En el contexto de
las Revoluciones de 1848 en Croacia surge el Movimiento Ilirio, el primer
movimiento paneslavista de los Balcanes, apoyado por varios intelectuales
serbios.
No
obstante, Serbia acabó por capitanear los esfuerzos paneslavistas durante la
segunda mitad del Siglo XIX, si bien muchas veces el énfasis paneslavista se
mezclaba con la intención de crear una Gran Serbia. Por ejemplo, el lingüista
serbio Vuk Karadžić defendía que los idiomas de croatas y bosniacos no eran más
que dialectos del serbio. En sus palabras: Hay
al menos cinco millones de personas que hablan el mismo idioma, pero por
religión se pueden dividir en tres grupos... Solo los primeros tres millones se
llaman a sí mismos serbios, el resto no aceptará el nombre.
El
nacionalismo serbio llevó al estallido de una guerra contra Turquía en 1912,
que concluyó con la expansión de Grecia, Serbia, Bulgaria y Montenegro y con el
inicio de una guerra entre Bulgaria y sus antiguos aliados; y de la Primera
Guerra Mundial en 1914. Fue un nacionalista serbobosnio, Gavrilo Princip, el
que asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría en Sarajevo,
capital de la Bosnia ocupada por los austrohúngaros desde 1878, año en el que
los otomanos cedieron el territorio a los austriacos.
Y es que,
con los otomanos expulsados de casi toda Europa, el principal enemigo al que
hubieron de enfrentarse los nacionalistas fueron los austrohúngaros, que para
1914 controlaban Eslovenia, Croacia y Bosnia. En 1915 las fuerzas del Imperio
austrohúngaro ocupan Serbia y Montenegro, comenzando así una retirada masiva de
tropas a Albania, independizada del Imperio otomano en 1912, y Grecia. Bulgaria
se une a Alemania, Austria y Turquía en su guerra contra serbios y
montenegrinos. La Organización Interna Revolucionaria de Macedonia (VMRO), que
ya desde finales del Siglo XIX buscaba la independencia de Macedonia, bajo
control serbio, lucho junto a las Potencias Centrales, estando el grupo
fuertemente vinculado a Bulgaria. Franceses, británicos, griegos e italianos,
estos últimos deseosos de recuperar los territorios antaño pertenecientes a
Venecia, acuden en ayuda de Serbia y Montenegro.
La
victoria de la Triple Entente sobre las Potencias Centrales en 1918 y la
desintegración de los Imperios otomano y austrohúngaro permite, para disgusto
de Italia, la creación del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Si bien
se busca la igualdad entre estas etnias, a las que habrá que sumar bosniacos y
macedonios, la verdad es que los serbios se encuentran al mando del país. Es el
antiguo rey de Serbia, Pedro I, el que ocupa el trono y la mayoría de primeros
ministros también son serbios. La derrotada Bulgaria sin embargo se niega a
unirse a este nuevo país.
El mosaico
étnico y religioso de Yugoslavia hizo del país inestable prácticamente desde su
fundación. El nacionalismo romántico del Movimiento Ilirio había quedado atrás
y los nacionalistas croatas y macedonios no paraban de ganar fuerza. A esto
habrá que sumar el irredentismo italiano, que insiste en hacerse con el control
de territorios en la costa de Dalmacia. En diciembre de 1919 el poeta y futuro
fascista italiano Gabriele D'Annunzio se hace con el control de Rijeka, llamada
Fiume por los italianos, dando lugar a un breve país invadido el 29 de
diciembre de 1920 por Italia que, en noviembre, a través del Tratado de Rapallo,
había resuelto sus disputas fronterizas con el país balcánico.
Si bien
las aspiraciones expansionistas de Italia en el Adriático volvieron con la
llegada al poder de Mussolini, el verdadero problema de Yugoslavia residía en
el ámbito interior. A las campañas de terror de la VMRO hay que sumar las del
grupo nacionalista croata de Ante Pavelić, la Ustaše. De todos los ataques
terroristas el más importante tuvo lugar el 9 de octubre de 1934 en Marsella,
el asesinato del rey de Yugoslavia Alejandro I de Yugoslavia por un agente
búlgaro de la VMRO, Vlado
Chernozemski, con conexiones con la Ustaše. Chernozemski murió por disparos de
la policía francesa, disparos que también mataron al ministro de exteriores de
ese país, Louis Barthou.
En 1940 la
Segunda Guerra Mundial llega a los Balcanes, pero no a Yugoslavia, sino a
Grecia, país que Mussolini trata de invadir desde Albania, nación anexionada
por los italianos en abril de 1939. La población y el gobierno de Yugoslavia
estaba dividido entre simpatizantes del Eje y de los Aliados. Cuando parecía
que el regente Pablo iba a unirse a las filas del Eje tiene lugar un golpe de
Estado por parte de oficiales afines a los británicos. Alemania e Italia
responden con la invasión de Yugoslavia, iniciada el 6 de abril de 1941 con
ayuda húngara, y simultanea a un ataque a gran escala sobre Grecia.
Para el
día 18 Yugoslavia ya había caído. Alemania incorpora parte de Eslovenia. Italia
expande su protectorado en Albania al incorporar Kosovo a la vez que instaura
un nuevo protectorado en Montenegro. Igualmente, Mussolini se hace con parte de
Eslovenia y con territorios en la costa de Dalmacia. Hungría obtiene Voivodina
y Bulgaria, que no participó en la invasión de Yugoslavia pero sí en la de Grecia,
Macedonia. Se instauran dos gobiernos títere, el Estado Independiente de
Croacia, al mando de Ante Pavelić, y el Gobierno de Salvación Nacional de
Serbia bajo el gobierno de Milan Nedić.
La
resistencia a la ocupación fue especialmente fuerte en Yugoslavia. Esta fue
llevada a cabo por dos grupos: El Ejército Popular de Liberación y
Destacamentos Partisanos de Yugoslavia, brazo armado de la Liga de los
Comunistas de Yugoslavia y liderados por el esloveno-croata Josip Broz Tito, y
por otro lado los chetniks, nacionalistas serbios monárquicos.
El Estado
Independiente de Croacia pone en marcha un genocidio contra la población serbia
de su territorio, así como contra judíos y gitanos. Los ministros croatas Mile
Budak, Mirko Puk y Milovan Žanić afirmaron ya en 1941 que su plan para Croacia
consistía ene expulsar a un tercio de los serbios de su territorio, convertir
al catolicismo a otro y exterminar al restante. Entre doscientos y quinientos
mil serbios fueron exterminados por el régimen de Pavelić.
A medida
que avanza la guerra, los partisanos comunistas se convierten en la principal
fuerza de la resistencia, enfrentándose a alemanes, italianos, húngaros,
búlgaros, croatas y al gobierno colaboracionista de Nedić. Para 1943 el
Ejército Popular tenía cien mil miembros activos. Para 1945 el número ascendía
hasta los ochocientos mil. Los chetniks acabaron por pasarse al bando del Eje.
Para finales de 1944 toda Serbia había sido liberada con ayuda soviética. Ya en
1945 los partisanos penetran en Istria, territorio italiano desde el final de
la Primera Guerra Mundial. La población italiana es expulsada y en algunos
casos masacrada, junto a los colaboracionistas eslovenos y croatas. La
monarquía nunca volverá a Yugoslavia.
La República
Federativa Socialista de Yugoslavia se organizaría como una federación de seis
repúblicas: Serbia, Croacia, Bosnia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro. Serbia
a su vez tendría dos estados autónomos: Voivodina y Kosovo. Relativamente
neutral en la Guerra Fría, Yugoslavia desarrollaría su propia forma de
socialismo, independiente al modelo soviético y caracterizado por la denominada
autogestión. No obstante, con el paso de los años el sistema económico
yugoslavo se fue liberalizando dando lugar a una suerte de socialismo de
mercado. Tito sería nombrado presidente de por vida, siendo su gobierno un
período de cierta calma en lo que a tensiones étnicas se refiere. Existieron
excepciones claro está, sobre todo en Croacia. En 1967 comienza la Primavera
croata, un movimiento político que reclamaba una mayor descentralización. Para
1971 el movimiento había sido disuelto, estando los principales líderes
encarcelados o destituidos de sus cargos políticos. En 1972, el Vuelo 367 de
JAT, la aerolínea nacional yugoslava, con ruta Estocolmo-Copenague-Zagreb-Belgrado
sufre un atentado con bomba por parte de nacionalistas croatas. De las
veintiocho personas a bordo del McDonnell Douglas DC-9 sólo una sobrevive, la
azafata Vesna Vulović.
Tras la
muerte de Tito en 1980, se adoptó una nueva forma de gobierno, una presidencia
colectiva en manos de la dirección comunista de cada república. Tito había
renunciado al cargo de Primer ministro en 1963 y en el momento de su muerte de
Tito el cargo estaba en manos de Veselin Đuranović. En 1981 en Kosovo estallan
protestas en las que los albanokosovares, apoyados por la Albania de Enver
Hoxha, enemiga de Yugoslavia, reclaman una mayor independencia. Se declara el
Estado de emergencia y siete manifestantes fallecen en los disturbios al igual
que cuatro serbokosovares que contratacaron. Durante la década de 1980 las
diferencias económicas entre regiones se incrementan, siendo Croacia y
Eslovenia las más desarrolladas. Estas repúblicas veían al resto de Yugoslavia
como un lastre para su desarrollo, llevando al auge de las ideas separatistas.
En 1986
sale a la luz un polémico documento: El Memorando de la Academia de las Artes y
de las Ciencias de Serbia, texto en el cual se cargaba contra la
descentralización del Estado yugoslavo afirmando que discriminaba a los
serbios. El cada vez mayor nacionalismo serbio se centraba sobre todo en
Kosovo, donde las protestas no hacían más que aumentar. En 1987 Slobodan
Milošević, presidente de la Liga de los Comunistas de Serbia, viaja a Kosovo
donde en un discurso carga contra las protestas de los albanokosovares. Si bien
Milošević había cargado duramente contra el Memorando de la Academia de las
Artes y de las Ciencias de Serbia y su imperante nacionalismo, el líder
comunista serbio iniciará una campaña exigiendo la reducción de la autonomía de
Kosovo.
El 20 de
febrero comienza una masiva huelga minera en Kosovo contra la disminución de la
autonomía de la región. Eslovenia y Croacia mostraron su apoyo a los
huelguistas albanokosovares. El 8 de mayo de 1989 Milošević se hace con la
presidencia de Serbia. Ya en los meses anteriores había organizado desde su
puesto como líder de la Liga de los Comunistas de Serbia, una serie de purgas
bajo el nombre de Revolución anti-burócrata, a través de la cual había colocado
a cargos afines en los gobiernos de Serbia, Montenegro, Voivodina y Kosovo. Milošević
se convertía en el hombre fuerte de Yugoslavia.
Se
aprueban enmiendas en la constitución de Serbia por las cuales el gobierno de
la República tiene permitido destituir a los de Kosovo y Voivodina. El 28 de
junio en Gazimestán, Kosovo, Milošević da un polémico discurso conmemorando el
sextigésimo aniversario de la derrota serbia frente a los otomanos a finales de
la Edad Media en la llamada Guerra de Kosovo. Fue un discurso marcado por el
nacionalismo serbio que pocos años antes desagradaba a Milošević.
En
diciembre tienen lugar manifestaciones contra el gobierno esloveno de Milan Kučan.
La mayoría de los manifestantes son serbios, etnia con escasa presencia en
Eslovenia. Los serbios que viajaban a Eslovenia en tren para participar en las
protestas fueron parados por las autoridades de Croacia, por donde los trenes
pasaban en dirección a Eslovenia. El extraordinario XIV Congreso de la Liga de
los Comunistas de Yugoslavia, celebrado entre el 20 y el 22 de enero de 1990,
estuvo caracterizado por los enfrentamientos entre Serbia y Eslovenia, apoyada
por Croacia.
El partido
estaba en crisis y al igual que en los otros países socialistas de Europa se
celebrarían elecciones multipartidistas. El 8 de abril la coalición DEMOS
(Oposición democrática de derecha) gana las elecciones parlamentarias eslovenas
con el 55% de los votos. El 7 de mayo la Unión Democrática Croata del
nacionalista Franjo Tuđman gana las elecciones parlamentarias de Croacia con el
42% de los votos. En Macedonia gana el Partido Democrático para la Unidad
Nacional Macedonia, vinculado a la antigua VMRO y en Bosnia el también
nacionalista Partido de Acción Democrática.
La
situación es especialmente tensa en Croacia, república donde existía una
importante minoría serbia, contraria al nacionalismo de Tuđman. El 20 de abril los
serbocroatas se organizan en el llamado Óblast Autónomo Serbio de Krajina, con
capital en Knin. En verano, a través de la Revolución de los Troncos, los
serbocroatas expulsan a los cargos afines a Tuđman de la administración de
Krajina, acción llevada a cabo con el apoyo de Milošević.
En
Eslovenia el sentimiento independentista y europeísta no hacía más que crecer.
El 23 de diciembre Eslovenia celebra un referéndum independista. El sí gana con
el 95% de los votos. El gobierno federal de Ante Marković se veía incapaz de
hacer frente a los secesionistas. En los últimos meses de su mandato, Marković
trató de alcanzar un acuerdo entre los secesionistas y los que exigían que
Yugoslavia siguiera siendo una entidad única. Sus esfuerzos, aunque estuvieron
apoyados por los gobiernos de Bosnia y Macedonia, finalmente fracasaron porque
el Ejército Popular Yugoslavo, que debería haber servido a los intereses del
gobierno federal, se puso del lado de Milošević. Eslovenia y Croacia organizan sus propios ejércitos. En Eslovenia, la
El 1 de
marzo de 1991 en Pakrac, Croacia, nacionalistas serbocroatas atacan edificios
de la administración. La policía croata interviene antes de que se despliegue
al ejército, que recordemos era afín a Milošević. El 9 de marzo en Belgrado
tienen lugar protestas por parte de la oposición derechista, protestas que
duran hasta el día 14. El ejército interviene. Muere un manifestante y un
policía.
En el
referéndum de independencia de Croacia celebrado el 2 de mayo de 1991, el 93 %
votó por la independencia. El
25 de junio Eslovenia y Croacia declaran la independencia. El día 27 el Ejército
Popular Yugoslavo entra en Eslovenia. Comienza la Guerra de los diez días.
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