Si bien la Primera Guerra Mundial finalizó en 1918, el año de 1919 fue especialmente tenso a nivel internacional. A la pandemia de gripe española, con los contagios iniciales teniendo lugar en las últimas fases de la guerra mundial, habrá que sumar las guerras por la independencia de Irlanda y Turquía y una serie de enfrentamientos armados en Europa central producto de la desintegración del Imperio austrohúngaro. Pero si hubo un evento que marcó un antes y un después en el orden internacional ese fue la Revolución bolchevique de noviembre de 1917.
Mientras Rusia atravesaba una sangrienta guerra civil entre bolcheviques y contrarrevolucionarios, los comunistas del resto de países del mundo buscaban seguir el ejemplo de Lenin y establecer gobiernos socialistas. Alemania y Hungría, separada de Austria a finales de 1918 en la llamada Revolución de los Crisantemos, fueron los principales focos revolucionarios. En Alemania, tras el alzamiento socialista de noviembre de 1918 que puso final al Segundo Imperio, se vivieron nuevos levantamientos comunistas por todo el país. Para 1919 existían tres territorios gobernados por los marxistas: las Repúblicas soviéticas de Baviera, Bremen y Wurzburgo. Sin embargo, el Levantamiento de la Liga Espartaquista en Berlín fue rápidamente aplastado por el nuevo gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert y los Freikorps, unidades paramilitares de extrema derecha. En Hungría se establece un débil gobierno marxista el 21 de marzo, al frente del cual se encontraba Béla Kun. La revolución se extenderá a Eslovaquia, que todavía no se había separado de Hungría. Sin embargo, el ejército rumano acabó por invadir Hungría, finalizando así el breve período socialista. En esta entrada nos centraremos en el caso de Estados Unidos, país donde también se vivieron momentos de tensión durante el año de 1919, sobre todo durante el llamado Verano Rojo, donde se mezclaron los disturbios raciales con las protestas izquierdistas y el terrorismo anarquista.
El socialismo estadounidense
Si bien Estados Unidos había salido beneficiado de la Primera Guerra Mundial, en el país se respiraba un clima de fuerte malestar, debido tanto a la pandemia de gripe como a las elevadas bajas en una guerra tan lejos de las fronteras americanas. El fervor patriótico de 1917 había desaparecido y los distintos gobiernos que sucedieron a Woodrow Wilson adoptaron una política de no intervención en lo que a Europa se refería. En líneas generales, y a diferencia de lo que ocurriría después de la Segunda Guerra Mundial, la inmediata posguerra fue amarga y dura para los vencedores, sobre todo en Europa. Basta con ver el caso italiano, donde el malestar de posguerra y la conflictividad entre los comunistas y los sucesivos gobiernos liberales se tradujo en el auge y expansión del fascismo.
Debido a su antibelicismo, el movimiento sindical estadounidense había sido objeto de duras persecuciones durante la Primera Guerra Mundial. Eugene V. Debs, líder del Partido Socialista de América y del sindicato Industrial Workers of the World (IWW), sería arrestado e internado en prisión. Sin embargo, en 1919, tras el final de la guerra y animados por el ejemplo bolchevique, el movimiento sindical estadounidense volvió más fuerte que nunca. Sin embargo, es necesario remarcar que el IWW y la mayoría de sindicatos estadounidenses tenían una línea ideológica que distaba bastante del bolchevismo ruso, mostrándose más cercanos a posturas del socialismo autogestionado y libertario. Los defensores de las posturas bolcheviques acabarían siendo expulsados del Partido Socialista de Americana, formándose dos nuevas formaciones: el Partido Comunista de América de C. E. Ruthenberg y el Partido Comunista del Trabajo de América, fundado por el periodista John Reed, mundialmente reconocido por su libro sobre la Revolución rusa Diez días que estremecieron al mundo y cuya vida fue llevada al cine en 1981 de la mano de Warren Beatty en su película Reds. En 1920, ante las presiones de la Tercera Internacional, ambos partidos se fusionaron si bien siguieron existiendo escisiones. Nacía el Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA).
Las escisiones no fueron un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos. Las diferencias entre las facciones afines al modelo ruso y las contrarias al mismo llevaron a que en Europa también se viviesen divisiones: en Italia en 1921 nace el Partido Comunista Italiano de la mano de Antonio Gramsci y Amadeo Bordiga, escisión del Partido Socialista Italiano, y en España, ese mismo año, nace el Partido Comunista Español como fusión de distintos grupos escindidos del Partido Socialista Obrero Español.
Volviendo a Estados Unidos, el 6 de febrero de 1919 en Seattle comienza una huelga de
más de sesenta mil personas. Si bien el bolchevismo, e incluso el marxismo como tal, tenía poca fuerza en el territorio estadounidense si la comparamos con otras ramas del socialismo, entre la clase política y la patronal se extiende el medio a una evolución como la de Rusia. Sin embargo, las protestas de Seattle fracasaron
tras la intervención del ejército.
En abril un grupo de anarquistas, seguidores del italiano Luigi Galleani, llevan a cabo una campaña de terrorismo a través de cartas bomba. Entre los objetivos figuraban alcaldes, gobernadores de distintos estados, senadores, oficiales de inmigración, comisarios de policía, abogados del Estado, incluyendo al fiscal general Alexander Mitchell Palmer, jueces, agentes del FBI y empresarios como el magnate del petróleo John D. Rockefeller o el banquero J. P. Morgan Jr. En esta primera oleada de ataques no hubo víctimas mortales. No se puede decir lo mismo de la segunda oleada, en junio, en la que, además de uno de los terroristas, una bomba asesinó a un guardia nocturno de Nueva York.
Las tensiones raciales
El anarquismo en Estados Unidos estaba estrechamente relacionado con las comunidades inmigrantes italiana y centroeuropea que habían emigrado al continente americano. El presidente William McKinley por ejemplo, fue asesinado en 1901 por un anarquista nacido en Estados Unidos pero de origen checo, Leon Czolgosz. Las Redadas de Palmer, llamadas así por el ya mencionado fiscal general, de finales de 1919 y comienzos de 1920 se centraron en la comunidad italoamericana y en menor medida en la judía-centroeuropea. A ambos grupos se les acusaba de introducir ideas socialistas a Estados Unidos, si bien el racismo y los prejuicios por parte de la élite anglosajona protestante ya existía antes de la aparición del Pánico Rojo que siguió a la Revolución Rusa: Por ejemplo el 14 de marzo de 1891 en Nueva Orleans, una turba de más de dos mil personas lincha a once inmigrantes italianos acusados de asesinar al comisario de policía David Hennessy. En 1899 en Tallulah, también en Luisiana, tres tenderos italianos son linchados por atender de la misma manera a clientes negros que blancos. En líneas generales, durante la última mitad del Siglo XIX la base sobre la cual se sustentó el sentimiento anti italiano fue el catolicismo, en contraposición al protestantismo de las élites, si bien con la llegada del nuevo siglo el anti catolicismo se rebajó parcialmente, basta con ver las alabanzas del presidente William Howard Taft a la Hispanidad, aunque sobrevivió en grupos como el Ku Klux Klan. El antisemitismo era mayor que el anti catolicismo. Basta con ver el linchamiento de Leo Frank en Marietta, Georgia, en 1915, un superintendente industrial acusado de violar y asesinar a una empleada de trece años llamada Mary Phagan.
Pero si había una comunidad que sufría una discriminación aún mayor que los inmigrantes recién llegados, esa era la de los negros, no sólo en el sur, donde la esclavitud había dejado de existir tan sólo medio siglo antes, sino también en las ciudades del norte y el oeste de los Estados Unidos, a donde habían emigrado para trabajar en la creciente industria. Para disgusto del movimiento sindical, negros e inmigrantes, quienes competían por los mismos trabajos, muchas veces acababan enfrentados entre sí en vez de cooperar en una lucha conjunta contra los patrones, Para colmo, en una época donde las huelgas eran tan comunes, en muchas ocasiones los empresarios recurrían a los negros en paro como esquiroles, lo que acabó por empeorar el conflicto racial.
Es importante remarcar el papel que tuvo la película de 1915 El nacimiento de una nación de D. W. Griffith en el aumento de la violencia racista a finales de la década de 1910 hasta el punto de que el Ku Klux Klan, retratado de forma romántica en el film y que para finales del Siglo XIX ya había desaparecido, renaciese a partir del éxito de esta cinta. La película de Griffith se convertiría en el primer film en ser proyectado en la Casa Blanca, debido a una recomendación del pastor baptista Thomas Dixon Jr, autor del libro The Clansman: un romance histórico del Ku Klux Klan, en la cual se basa El nacimiento de una nación.
Este segundo Ku Klux Klan, fundado por William J. Simmons en 1915, actuaría no sólo en el sur del país como el primer Klan, sino en casi todo el territorio nacional. Además, el segundo Klan adoptaría premisas antisemitas y anticatólicas además de anti negras. Igualmente, el Klan y otros grupos protestantes, que no tenían porque ser estrictamente violentos, tuvieron un papel importante a la hora de promover la Ley Seca que vino después de la guerra, la cual se sustentaba en tres pilares: el feminismo, basta con ver la más clara relación ente violencia doméstica y alcohol; el puritanismo protestante y la xenofobia, ya que el consumo de alcohol estaba fuertemente ligado a la cultura de bar propia de los ambientes inmigrantes y católicos, en el punto de mira de los sectores más intransigentes del nativismo americano.
El Verano Rojo
Los disturbios raciales que sacudieron Estados Unidos durante el verano de 1919 en realidad empezaron en mayo en Charleston, Carolina del Sur a raíz de una trifulca entre marineros y civiles negros. En julio, en Washington D.C. hombres blancos, muchos de ellos militares, respondieron al rumor de que un hombre negro había sido arrestado por violar a una mujer blanca con una oleada de ataques contra la comunidad negra. La policía se negó a defender a los negros y en poco más de cuatro días murieron diez blancos, incluidos dos policías, y cinco negros. Los disturbios en Chicago comenzaron el 27 de julio cuando un joven negro que llegó a la zona de la playa del Lago Michigan habitualmente reservada para los blancos fue apedreado y ahogado. Los negros respondieron violentamente cuando la policía se negó a actuar. La violencia duró trece días y concluyó con treinta y ocho muertes, veintitrés negros y quince blancos. Además, más de mil familias negras perdieron sus hogares en incendios provocados. Fueron muchos los que acusaron a los socialistas de estar detrás de los disturbios, incitando, según los sectores más conservadores, a los negros a la insurrección.
En junio la policía de Boston convocó una huelga que obligó a la Guardia Nacional a intervenir. El gobierno de Wilson temía que los policías acabasen uniéndose a sindicatos socialistas como el Industrial Workers of the World o a las facciones izquierdistas dentro de la American Federation of Labor, el más importante sindicato de la época. Y es que durante el otoño las huelgas paralizaron Estados Unidos. La huelga de trabajadores del acero en Gary, Indiana, acabó con el ejército ocupando la ciudad. Los empresarios recurrieron una vez más a los negros y mexicanos en paro como esquiroles. Entre treinta y cuarenta mil obreros afroamericanos e hispanos fueron llevados desde el sur a las acerías del Rust Belt, la zona industrial de los Grandes Lagos.
En septiembre se forma la African Blood Brotherhood, una organización afroamericana y socialista que llamaba a la resistencia armada. El grupo sin embargo tuvo poca repercusión real, si bien su mera existencia ya sirvió como excusa para incrementar la represión contra las organizaciones sindicales. En el estado de Nueva York se pone en marcha el Comité Legislativo Conjunto para Investigar Actividades Sediciosas, más conocido como Comité Lusk y que al igual que las ya mencionadas Redadas de Palmer se centró en las comunidades inmigrantes, a las que se acusó de incitar a los negros a la insurrección. Importantes líderes izquierdistas como Emma Goldman o Alexander Berkman fueron deportados a sus países de origen mientras que Eugene Debs, la cara más visible del socialismo estadounidense, no sería liberado hasta 1921 cuando, tras años de duras campañas policiales, la situación se había estabilizado.
Después del verano
No obstante, si bien con la llegada de la década de 1920 el clima político se había calmado seguían viviéndose incidentes. Prueba de ello fue la rebelión minera de Blair Mountain en Virginia Occidental, una auténtica batalla campal entre los huelguistas y las fuerzas policiales y militares, así como la Agencia de detectives Baldwin-Felts, que llegó a alquilar aviones para lanzar bombas sobre los mineros en huelga. Entre agosto y septiembre de 1921 fallecieron tres soldados, entre diez y treinta agentes del sheriff y cien mineros.
Más famoso
fue el caso de los anarquistas italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti,
arrestados en 1920 acusados de un atraco a una fábrica de calzado en Braintree,
Massachusetts, que se saldó con dos muertes. Tras un polémico juicio, los dos
inmigrantes italianos fueron condenados a muerte. Ni la campaña de apoyo internacional
a Sacco y Vanzetti, con manifestaciones en ciudades de todo el mundo, incluyendo
lugares tan distantes como Johannesburgo o Tokio, ni la confesión de un
atracador llamado Celestino Medeiros pudieron evitar la ejecución de los dos
anarquistas en 1927. Medeiros fue igualmente ejecutado. También en 1920 un ataque anarquista con una bomba en un carro de caballos se salda con once víctimas mortales en Wall Street, Nueva York. Se cree que se realizó como venganza por la deportación de Luigi Galleani.
La represión acabó por frenar la agitación social. Sin embargo, la Gran Depresión de 1929 provocaría una nueva oleada de tensiones y protestas sindicales, si bien el gobierno de Roosevelt no fue tan severo como el de Wilson a la hora de reprimir.
Comentarios
Publicar un comentario